lunes, 29 de octubre de 2012

Día de mierda

Gente, estoy redactando esto antes del mediodía (¡por primera vez! ¡Hurra!) porque quiero dejar establecido lo troll que es este maldito universo, y lo quiero hacer con la memoria fresca.

Resulta que ayer a la noche se largó una pequeña llovizna de nada acá donde vivo (y donde no vivo seguro que también, ilusos), pero no le presté mucha atención. Estuve hasta tarde cumpliendo mi deber para con una señorita muy ezpezial (con "z"), y no logré dormirme sino hasta las dos de la madrugada. A las tres me despierto, después de un sueño súper duper genial con Sonic, Liu Kang y Ash "Ketchup del pueblo Fiambre" en un torneo a muerte donde el que ganaba se convertía en el nuevo presidente de la galaxia; en resumen, no pude volver a dormirme y ese trueno hijo de la gran siete me despertó en la mejor parte: cuando Ash lanzaba a Charizard contra Liu Kang que hacía su patadita-bicicleta y Sonic tiraba...emm...aros...de...emm...aros dorados...

En fin.


¡¿Qué te pasa a voh, guacho?!
Tipo cinco de la madrugada, debía despertar a mi coso hermana para que escuchara por internet la súper nueva canción de los cinco discapacitados mentales que salieron de Factor X. Pero al asomarme por la ventana me doy cuenta de que afuera era un huracán de agua. Y la baja señal no aliviaba mi temor a morir durante el emprendimiento del día de la fecha. Luego me llegan cinco llamadas perdidas de mi viejo (siempre las cosas van en conjunto, y son de a "cinco": cinco de la mañana, cinco llamadas perdidas, cinco enfermos de la vida, cinco ¡¡PATADAS EN EL CULO TE VOY A DAR!! decía mi vieja), y se los devuelvo. Él quería decirme, por primera y única vez en SU vida, que faltara a la universidad porque estaba atrozmente atroz el clima, valga la redundancia.

No le hice caso, y deje a mi coso (entiéndase "coso" por "hermana") en internet con música, y salgo a la calle: en remera y una camisa manga corta celeste (de las copadas, a cuadros con líneas negras y blancas, y más celeste), con un paraguas celeste con el fierro todo oxidado (el paraguas estaba roto), con ojos celestes (jaja, cómo quisiera), y con un sapo en una esquina de la entrada de mi casa. Llovía como nunca. OOOOOBVIAMENTE el colectivo se tomó su tiempo para venir a buscarme, y en el interín pude observar que la parada estaba viciada de agua. Los coches pasaban muy lentamente y por el medio. A darse una idea.


¡SEXOOO!
El viaje fue largo, y tortuoso. El bondi se tomó muchas desviaciones, y en mi particular opinión el chofer era un re pelotudo.Resulta que en un momento se metió a un Walmart por la entrada de autos y realizó la serpentina de caminos que lo terminó llevando...¿a la salida? ¡No, que vah! Se mete de cabeza en un caminito del Walmart que termina en callejón sin salida. El chofer tiene serias dificultades, mal que me pese. Luego, como quince cuadras cortadas con hilitos y cintas y troncos de árboles en el medio de la calle, advirtiendo que más allá se encontraba una posible pileta olímpica.

Hubo un punto en el que, a dos cuadras de llegar a la universidad, el colectivo decide pegar la vuelta. Todos nos asombramos, porque la mayoría de los pasajeros somos estudiantes, y le fuimos a preguntar que qué onda. No entendí a explicación que le dio a una chica porque estaba con los auriculares colgados, pero como la chica se volvió a su sitio después de una intensa charla, me tranquilicé. Hasta que tres cuadras más adelante me pude percatar de que me alejaba paulatinamente de mi destino, por lo que decidí re-preguntarle yo mismo al chofer que qué onda. Me dijo que no iba a pasar por la universidad porque había una inundación tremenda en la calles: ¡buenísimo! Lo que me faltaba: un chofer cagón, llegar tarde a clases y encima MOJADO. Padre nuestro que estás en los cielos... dejá de mearme, ¡hijo de puta!

Al bajarme del bondi, una chica se me acerca y me pregunta si el bondi al final no pasaba. De ahí se inició una conversación muy loca que nos llevó a nuestra niñez mientras efectuamos el camino a pata a la universidad (Mariana, por el amor de dios, puedo explicarlo...noo...¡¡¡noooooo!!! ¡¡JHONYYYYY!!). En la mitad del trayecto me crucé con un amigo mío que me explicó que más allá de esa misma esquina no se podía cruzar: era cierto, (lo corroboré con mis ojos) y se trataba de una especie de laguna donde, calle adentro, un señor dueño de casa sacaba la basura (metiéndola de vuelta en su casa) porque el agua le llegaba hasta un poco antes de la cintura.

Conclusión: después de mucho intentar comunicarnos con el colegio, digo... con la universidad, decidimos todos volver a nuestras respectivas casas; mi amigo (a quien le estoy agradecido) me tiró hasta la mitad de mi trayecto y de ahí seguí yo solo, y colorín colorado... el día dejó de estar nublado. Fin.

Postdata: Para colmo, papá me dijo "Quedate, quedate". Bien ahí.


Todos gritamos "¡JHONY!" alguna vez.

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