domingo, 30 de diciembre de 2012

Soltá a MI chica...

Buenos días, estoy escribiendo esto a las 00:00 horas y les mando un saludo muy especial y cariñoso a todos aquellos valerosos y desafiantes novios del mundo y de la Argentina que, ante una situación adversa por parte de la pareja femenina, no aflojan la toalla y se aguantan lo que venga. Incluso si tu novia tiene muchos amigos varones. Incluso si va al cine con ellos. Incluso si tu novia te dice, una noche cualquiera durante su viaje de egresados a Villa Carlos Paz, que piensa ir a un boliche.

Okey, lamento decepcionarlos (y lo admito incluso) pero hasta ese punto somos valerosos y desafiantes. Pero desde ese punto en adelante, no. Somos ranas. Ranas que lloran y mojan la cama.
CHANANANA! YEAH! YEAH!

Hay que reconocerlo: cuando la señorita/señorito de tus sueños (digo eso porque soy romántico, ¡manga de maricones serán ustedes!) propone algo que a uno le dan ganas de reventarse la cabeza contra ese cuadro del caballo pintado de la tía Catalina que colgó hace 14 (catorce) años en una de las paredes del living de su casa, juntar los vidrios producto de nuestro ataque rábico (dícese de rabia) y clavarnoslos en las rodillas; así de esa manera no seremos capaces de caminar hacia nuestra novia, llevarla sobre nuestro hombro por las escaleras hasta la habitación (obviamente de la tía Catalina. ¿Recuerdan que estábamos en su casa?), amordazarla, tirarla en la cama, amarrarle las extremidades con cadenas navales industriales de acero reforzado con diamante y cantarle el feliz cumpleaños (no, mentira... aunque estaría copado, pero no tengo guitarra) decirle muy dulcemente: "Mi amor, si vos vas al boliche pondrías en peligro la vida de los otros chicos. No por tu belleza, ¡sino porque me estarías obligando a francotirotearlos desde una posición remotamente elevada."

Hablando en serio, a nosotros nos cuesta eso de dejarlas ir a bailar.


Gracias, buen hombre. Ahora...
¿no tiene una más gruesa para atar a mi novia?
Ponele que te toque una novia foreveralone super bonita. Ponele que no quiera ir, pero va porque van las amigas y la obligaron, ¿no? (obviamente estamos fantaseando, jamás podrías ser tan suertudo de tener una novia bonita y foreveralone, muajajaja) Aunque fuera ése el caso, de todas formas te remordería el alma de las ganas de partirle la jeta a medio universo con tan solo el hecho de que la anden mirando por ahí, tanto a ella como a sus nalgas.

¿¡Qué?! ¡Ay, guardaaaaa! ¡Ahora resulta que está prohibido decir "nalgas"! ¿Pero por qué no te vas a la lavar bien el termotanque, que lo tenés bien oxidado? Prosigo.
Se me cagó la Xbox...
¡y ahora extraño a mi novia!

Seguramente serían las 2:30 de la madrugada, nos llegue un mensaje de "Estoy bailando" y ¡PUM! Salimos corriendo como si fueramos un hermoso y africano Chita, abrimos la puerta delantera del boliche de par en par (como Aragorn en El Señor De Los Anillos (lo sé, soy muy friki)), previamente habiendo eliminado los patovicas con pelada de Pit Bull y cara de Chihuahua, y le decimos al hijomilputa que está con nuestra novia: "Uno". Con eso, el imbécil preguntará: "¿Cómo que 'uno'?". Nosotros decimos: "Dos" y metemos una mano en el bolsillo del pantalón para que todo el mundo entre en pánico y nosotros podamos rescatar a nuestra joven, linda y deseable novia, tocar muchos traseros durante la huida popular (preferentemente, femeninos) y salir de ahí cagando antes de que identifiquen la cara del pelotudo que entró a armar alto bolonqui.


Hasta la vista... ¡JOPUTA!

Nota: si de verdad llevas un arma y tu novia efectivamente está bailando con un chico y no con una de sus amigas, yo emplearía las palabras del antiguo Tony Stark "Yo prefiero el arma que se dispara una sola vez. Solo UNA".

Hay parejas (como en el caso de la mía) que nos mandamos mensajes cada milésima de segundo, y hasta el celular me putea porque tengo como siete mil mensajes en bandeja de entrada, y ocho mil en bandeja de salida. No les diré cómo actué yo ante la propuesta de mi pareja, porque le hice prometer yo mismo al comisario que no divulgara el acontecimiento.


MENTIRA, MENTIRA. Pero el hecho es este: a uno le agarra cierta cosa en el estómago y la pancita, y mucho más si la señorita en cuestión está algo emocionada por ello. Por obviedad, no estoy acostumbrado a estar en pareja, y si lo estoy, no estoy acostumbrado a que salga a bailar. Esa "cosa extraña" que le agarra a uno no es (como tanta gente, chicas generalmente) eso de "falta de confianza". No, señor. O quizá sí... no sé, es muy difícil describirlo. Es como una mezcla rara de celos y ganas de no existir, que te hace parir pensamientos de muerte y destrucción mientras te sentís culpable y deseas estar solo en casa sin que nadie te moleste o jugar en la compu a algo que te distraiga seriamente. Los hombres, o por lo menos algunos de nosotros, tenemos esa facilidad que nos brinda el mismo hecho de ser hombres y no tener el período femenino mensual para poder estar molestísimos y carcomidos por el enojo interno mientras nos imaginamos que algún pobre malnacido se está comiendo a la chica que nos gusta. Es así, damas y caballeros. Realidad pura.

Y te callás, Mariana.

lunes, 24 de diciembre de 2012

A paso redoblado...


El bondi otra vez me volvió a joder. Era una hermosísima (y muy chota) tarde de viernes de verano, tipo 5 (cinco) de la tarde; un niño caminaba solitario y azotado por mensajes de texto de una niña, directo hacia la parada del colectivo. Quiso llegar un poco antes de tiempo porque presintió un retraso o demora de parte del móvil. Los minutos pasaban hasta que la primera hora de espera por fin se hizo efectiva. ¡Y ENTONCES EL NIÑO TIRÓ A LA MIERDA SU INOCENCIA Y EMPEZÓ A ACORDARSE DE CADA MIEMBRO FAMILIAR DEL PRÓXIMO CHOFER DESGRACIADO QUE OSASE ARRIMARSE POR EL BORDE DE LA ESQUINA EN LA DIRECCIÓN QUE EL NIÑO ESPERABA POR ÉL! Luego tuvo un breve momento de paz, en el que su alma se encaminó al cielo y tuvo comunicación relajada con Dios. Su espíritu estaba inundado de paz y armonía. Un segundo después, los perdigones de la escopeta calibre 15 mm atravesaron los vidrios de la ventanilla del conductor, implantando los restos de sesos y trozos de materia gris en cada rincón del pequeño rectángulo que definía la zona de manejo y conducción del bondi. Así comenzó mi dulce día: con ese hermoso sueño en mente, reprimido.

Preparate, hijo de la trabajadora pública:
¡TE VOY A CORTAR EL CHORI!
Mentira, viajé medianamente bien (ya que llegó vacío), llegué temprano, rendí y volví a casa un poco más tarde de lo esperado. Pero nada más. A otra cosa mariposa.

Mientras estudiaba para ese examen (y durante el mismo también), me asaltaba un presentimiento muy oscuro; era tan pero tan maligno que el solo hecho de que mi mente lo concibiera ponía en duda seria la estabilidad misma y el equilibrio bien balanceado de mi propios pensamientos y emociones. Les estoy hablando de algo tan macabro, tan tétrico y lúgubre que cuando lo lean les causará terror como nunca en sus vidas hubiesen podido imaginar: a veces siento… ¡que el piso siempre se quiere robar mi lapicera! Sí. Cada dos por tres se me cae, y aunque la enganché de los hojalillos, se escapa y se cae. O la apoyo en una superficie rugosa o raposa, y a los cinco minutos la lapicera y el piso están copulando y yo (como esposa engañada) los encuentro infraganti y acuso de breve traición a la mal nacida (o quizá es “mal fabricada”). Lo que sea. Y luego siguen las hojas. Y luego otras lapiceras y lápices. Luego el celular. Por último, hasta yo mismo.

¿Tan atractivo será el piso? Mi prometida debe tener celos…

(¡Ay, Lucas! ¿Cómo vas a decir que tenés “prometida”? ¡Compasión por los pobres, por favor!)

¡No! Se joden, yo también fui pobre y a mí también me pasó que contaban dinero delante de mío. Así que te jodes. (Te adoro y gracias por leerme. ¡Sos lo mejor que me pasó en la vida!)

Hablando de prometidas y chicas en general, he ahí un tema de milenaria discusión.

Cuando conocés a una chica simpatiquísima y empiezan a contarse pequeños detalles y resúmenes de cómo han ido sus vidas hasta ese mismísimo punto de encuentro entre ellos dos, vos, hombre, cometés el serio error (que en ese entonces no se nota) de hablar sobre alguna chica que te quiso comer la boca a costa tuya, casi como abusando de vos. Pobrecito él, dicho sea de paso (cof… cof…). Ella se ríe y hasta puede indignarse junto a vos por aquél “horrible” suceso. El punto, señores, es cuando ella se vuelve tu novia y/o esclava sexual y eróticamente candente, ya que tiene la capacidad de memoria de 4 (cuatro) elefantes y es capaz de recordar hasta qué llevaba puesto esa zorra inmunda que te quiso tocar (aunque vos no lo recordás, o incluso nunca le dijiste cómo iba vestida). Lo siguiente que sucede es que la loca descontrolada de tu nueva novia (y sexualmente muy candente… ¿o “era eróticamente”?) empieza a buscar la dirección de la perra, su face, su teléfono, los jardines de los vecinos donde su mascota abona, y hasta cuántos dientes le quedan. Seguramente con el objetivo de “mejorar” su dentadura, empuñando algún tipo de arma blanca de un tamaño proporcional a la exageración que tuviste al contar el pedazo de beso que te quiso dar aquella suripanta desgraciada.

Bueno, mi amor. Espero que
no pase nada por darte esos datos.
Acto seguido, esa ramera (que ahora es una estudiante de buenas calificaciones en Cardiología, una hermosa familia y una nona de 98 años recién cumplidos y con un corazón en buen estado) sufre un accidente de tráfico; y en vez de volver a su casa, va directo a un destino doble: morgue y funeraria. Novia obsesiva, damas y caballeros.

Y según mi opinión: ¡LA MEJOR DE LAS NOVIAS!

Por otro lado, las chicas son unas esclavistas muy pero que muy malvadas. Esto es así y no se puede cambiar: No se le puede decir que no a una chica.

Más que nada porque no te lo permite. En el caso de una novia sumamente enamorada y (en cierto día) mimosa, decide interrumpir el estudio del joven novio que tiene exámenes próximos haciendo de todo para captar un poco su atención y obtener lo que desea. Es en ese entonces donde, si el hombre decide hacer uso de una negativa, las consecuencias podrían ser severas y alterar el curso del espacio-tiempo como lo conocemos. Todo esto está agravado por la posibilidad de que dicho demonio femenino se encuentre con la regla baja.

Me importa un carajo que mañana tengas
examen. ¡Hoy tengo ganitas! ¡Muajajaja!
Por entonces, solamente nos podemos resignar a cumplirle sus exigencias, aunque eso signifique que quizá fallaremos al confrontarnos a las materias de la carrera. Ah, pero ojo. Si vos después estás medio calentito y se te ocurre siquiera encimarle una sutil indirecta a la señorita, “¡Nooo, por dios! ¿No ves que estoy estudiando? ¡Un poquito más de consideración! Ah, por cierto: ¿cómo te fue hoy con tu examen, mi amor?” (carita sonriente). Qué desgraciada manipuladora.

Igual esto no me sucedió a mí, sino que aun conocido del amigo de un amigo de la madre de mi prima. True story.

Y hablando de amigos, ¿no le sucede muy a menudo que están en la casa de un amigo/a y… les entra una seria necesidad de utilizar su baño pero no quieren porque saben que si lo usan, se lo van a dejar más estropeado que la cara del último contrincante de Maravilla Martínez? ¿Sienten que prefieren que se les retuerzan las entrañas, alegando que están salvándole la vida a su amigo/a y al resto de la familia (e incluso a un potencial plomero), y comienzan a culpar a esa maldita pizza que cocinó la madre de dicha amistad nuestra alegando que contenía mucha cebolla o que no debiste haberla tragado junto con un vaso de agua en vez de uno con gaseosa?

¡Ay... papel hijo de tu p*ta madre! Espera, ¡un
Whatsapp! ¡OCUPADOOOOOO!

¿Y nunca te pasó que entraste al ñoba de todas formas y te encontraste:

a). Con que no había papel higiénico, y si sabés que pedís uno ellos se van a enterar de que estás haciendo tu necesidad número dos;

b). Hiciste la necesidad, pero tardaste mucho tiempo y pensás que ya todo el mundo se dio cuenta y están pegándole un tubaso al plomo;

c). Hiciste la necesidad pero no te alcanzan ni diez desodorantes de ambiente, y si abrís la puerta estás permitiendo un potencial Chernóbil;

d). Tiraste como quinientas veces la cadena, y ya estás encomendando tu alma careciente de valor alguno a alguna entidad o deidad que prefiere verte sufrir antes que darte una ayudita y, por favor, hacer que tu “necesidad” ¡SE VAYA DE UNA PUTA VEZ POR LA CAÑERÍA!

Ay, las amistades y la familia son lo mejor que existe en el universo. Sobre todo porque después de este incidente, el forro/a de tu amistad te mira con cara de: “Ayer comimos porotito en casa, ¿verdad?” (carita sonriente). Hij@ de…




sábado, 8 de diciembre de 2012

El regreso del que te jedi...


Buenísimo, gente. Me puse las pilas e hice otra nueva entrada.


Jaja, se la creyeron. Chau. Beso.





















































































¿Por qué seguís bajando?

Bueno, está bien, voy a hacer la entrada. ¿Content@?

Este pequeño mes sinceramente me lo tomé para respirar un poco del blog, aunque pensaba detenidamente todos los días mil cosas para publicar y claro… la pachorra. Ese mejor amigo del hombre que siempre te susurra al oído y te dice que no hagas nada en vez de hacer algo que puede llegar a salir mal. Incluso puede hasta llegar a hacerte zafar de situaciones adversas. ¿Cuáles? No me lo pregunten, no vine a hablar de la pachorra. Hasta me da pachorra hacer esto. Fijate bien: hasta me da pachorra estirar la mano para agarrar mi vaso con gaseosa manufacturada en Países Bajos traída a Argentina especialmente por mi tío portugués que compra esclavos en Siberia para fabricar mágicas capas invisibles. Posta.

¿Pero porqué mierda
no lo pensé antes?
Una vez, hace mucho mucho tiempo, en un bondi hijo de re mil pucha estaba un niño valiente que se disponía a ir a la universidad en un día lluvioso con nubes malvadas que lanzaban kame hame ha(s) sobre la Tierra; y en una apareció una re Iglesia del Señor (Osvaldo) donde, por acto reflejo, el niño se persignó con la mano izquierda porque estaba agarrado de uno de los pasamanos del colectivo con toda la grasa y la mugre y la clase baja de esta sociedad inmunda y chota… bueno, bueno. Centrémonos. Monos. (Re que yo solo me voy por las ramas). Callate, Mariana.

En fin, ese niño era yo, y de niño no tenía un joraca. Me persigné porque no quise faltar el respeto a mis antigüas creencias y porque me imaginé a mi abuela encuadrándome alto bife (con quince pesos) por no persignarme (ella no es precisamente cristiana, pero persignarse frente a una Iglesia es sagrado, no sé por qué). Es la madre de uno la que es media religiosa desde que la engancharon con esa “renovación carismática”, grupo de gente que siempre pide “una ayudita” a cambio de entregarte al espíritu santo, como si el pobre pájaro estuviera en una jaula y la sacaran para meterla en otra. No sólo creen que tienen el poder para convocar a su dios, sino que, para no quedar mal, alguna que otra amable señora de esas que si veías por la calle te saludaba o te daba un caramelo o te daba plata como si fueras su nieto se agita y tiembla en plena reunión para hacer creer que el pajarito entró en su cuerpo. No seamos hipócritas: cuando pasa eso, la tipa está teniendo un orgasmo supremo imaginándose a Di Caprio.

Perdón la rudeza y a mis lectores. Es creencia personal no creer en las creencias ajenas.

Y si no, te podés ir a lavar bien el… el… oído. Porque seguro lo tenés lleno de cera y podés hacer una vela como Shrek con toda la cera que tenés. Hij@ de p#%&.

Cómo te quiero. No sabés cuánto.

Por otro lado, y hablando de querer, viene este asunto. Cuando un chica te tiene medio imbécil (nótese que “imbécil” hace referencia a “estúpido”, “idiota”, “pelotudo” y todas sus variaciones y sinónimos) en el sentido de que te tiene hipnotizado con su belleza física e interna, nunca falta una madre que te empieza a pedir quichisientas mil cuatrocientas dos cosas y media, de las cuales haces la mitad y la hacés MAL.

Bien dicho, tortuga rosa (?
Luego vienen las amenazas típicas como el “te vas a quedar sin internet una semana” o el “deja esa pollera en paz y andá a estudiar, vago de mierda” o la clásica cuenta regresiva de la muerte (Regresive Countdown of Death of the motherfucker son of a bitch Jesus Aproves this). En ese caso extremo, tan sólo queda encaminar nuestra alma al mismísimo demonio y rezar que nos tengan piedad para no eliminar nuestras partículas flotantes como cuando Goku debía eliminar los restos de Majin Boo.

¡Toma esto, maldita bruja con escoba!
Son esas etapas fortuitas donde nuestros corazones son flechados por una malvada niña de los cielos que planea conquistarnos para que nosotros reprobemos materias y dejemos de ser socialmente empáticos con nuestros mejores amigos. Niñas con planes maléficos de conquistar el mundo usando falditas y rouge, o que están como se despiertan de la cama pero que, así y todo, conquistan a la humanidad.

A mí me sucede que, en general, soy algo chiflado y paranoico; y desde mi primera relación, me parece que todos están en mi contra. Hago las cosas mal y, a veces, no sé explicar o justificar mis acciones con hechos lógicos y verídicos. En este momento, hay una damisela que quiere hacer “cucharita” conmigo, y que me adora con el alma. El miedo de fracasar con ella existe, y tengo mis momentos de caída ante él. Pero también está esa valentía que por momentos azota la soledad del instante y la aparta lejos para encerrarla en la oscuridad del olvido; olvido al que pertenecen muchas personas que nosotros enterramos tras nosotros.

Esa señorita está en frente mío, extendiéndome una mano. Yo puedo lastimar esa mano, o besarla y tomarla y darle las gracias en lágrimas puras por traerme de nuevo a la vida. La mano que está en frente mío está ya algo dolida por mi culpa, por mis miedos, por ese demonio que se hace llamar “pasado” que no me deja en paz.

Te tomo la palabra, leoncito tierno *-*

Después hay veces que decís “la charla está para atrás… la debo estar aburriendo” Y POR AHÍ ES TODO LO CONTRARIO. Por ahí ella más que nunca desea charlar con vos, que la rescates de otras conversaciones y la hagas mear tanto de la risa que se tenga que ir a reír al pasillo, y luego cortarle la risa con un “te amo”. Por ahí el amor es esa simple fórmula básica que nosotros, por desconfiar de lo simple (como siempre nos enseñaron a desconfiar), no lo podemos ver y así lastimamos. Y así nos dañamos. Y así perdemos todo.
Quizá las cosas son más simples de lo que percibimos. Quizá hay que hacer como Indiana Jones en La Última Cruzada, levantar el pie y tirarnos al vació esperando que la magia haga acto de presencia y nos ponga una vereda que no podamos ver, pero que existe. Y que seguro nos va a llevar a donde queremos.

Che, ¡qué bueno que está ese libro de auto-ayuda que estoy leyendo! ¡AHORA POR FIN ALCANZARÉ LA VERDADERA FELICIDAD! No, mentira, jajajaja. Re que no tengo plata para un libro.

Bueno, esto fue todo. Un beso y hasta dentro de un año o dos. Chausitos.