jueves, 18 de octubre de 2012

Y esto me pasa por no dejar el vicio...

¡Estoy viendo a Calamardo por todos lados!


¡Este tipo necesita una novia urgente!

No sé qué me pasa, pero lo encuentro dibujado en todas las superficies y encima mi viejo imita su voz. En realidad mi viejo es un gran imitador, tanto que hasta puede imitar la voz de Pucho (Hijitus). Pero este no es el asunto.

Además de verlo al pulpito parlante amigo de la esponja amarilla y la estrella rosada, también estoy flasheando muchos colores por todas partes. No sé si habrán notado que hago intentos (vagos intentos) por darle diferentes tonalidades a este blog, pues bien: creo que me estoy pasando de la raya con el vicodin.

Mi vida, por lo general, está estable: me arreglé con mi novia canina, encontré a una mujer maravillosa, mis amigos están ni tan cerca ni tan lejos, me sé atar los cordones solo… en fin, ¡soy feliz! Pero cosas de la vida diaria siguen perturbando mi pacífica y bipolar estabilidad. Son de esas cosas que a uno le hace preguntarse: “¿por qué mierda no traigo un lanza-granadas encima cuando lo necesito? Con ello evitaría los atasques de tránsito, los robos, la gente que escucha cumbia y demás pestes bubónicas auditivas.”. De paso aprovecho y mando a freir churros a algún Barney trucho que regale globos a los nenes en las esquinas.
Pues bien, ese fue el caso. Estaba volviendo de un enfrentamiento con un dragón cola-cuerno húngaro cuando decido subirme al colectivo y dejar mi Saeta de Fuego en un callejón atrás de un bar. En el colectivo (claro, se me había roto la varita) estaba un pibe con una mochila rosa y corte de pelo onda “wachiturro”, y además estaban dos tipos muy simpáticos hablando de a quién le iban a romper la jeta a piñas, y escuchando desde el celular a Queen y demás temas de rock.

Esta escoria es con la que vivo viajando.
Los tipos, por lo que vi, tenían pinta de no escuchar (o siquiera saber qué es) rock, por lo que supuse que serían casi de la misma estirpe que el pibe de la mochila rosada, aunque con unos años más de antigüedad en este país tan permisivo y tan inclusivo. Mi reacción fue: “Loco, ¿por qué vas de rosa? O sea… Dios inventó ese color para las chicas; me refiero a que ellas poseen TODOS los colores del arcoíris INCLUIDO el rosa, en cambio para nosotros ese color es implícito totalmente. ¿Por qué, flaco? ¿Con qué necesidad de mierda usas cosas rosas?”. Encima no era lo único rosa que tenía, pero apuesto fortuna a que el cerebro lo tenía de un color opaco.

Odio a los tipos que oyen música desde el celular sin auriculares, aun cuando sea la canción del gusto de uno mismo o cuando esa canción incluso sea indicada para el estado de ánimo de uno mismo. La privacidad es lo primero que se respeta y se valora, y es a lo que uno tiene derecho en cualquier lugar que esté. Repito: me faltó el lanza-granadas para hacérselo entender a ese simpático hombresillo y a su compañero de banco.

Ah, pero ojo, pues la incomodidad no ha de terminar ahí. Cuando estaba a punto de usar un traslador (ya que el transito era una reverenda cagada y para hacerme diez cuadras hasta podía ir caminando al paso que iba el bondi), comienza a caminar delante de mí otra agradable persona desprendiendo su hermoso aroma a cigarrillo de tercera mano fabricado en Países Bajos por gente que confundió tabaco con orégano. Ese olor de mierda hizo que casi vomitara, y hasta estuve a punto de adelantarlo para devolverle “el favor” en su propia nariz para que huela lo que se siente. Cortando con lo asqueroso, en serio: me pareció nauseabundo y tétrico. Flaco, ¡por lo menos comprate un Malvo si vas a fumar! No sé vos, ¡pero yo necesito OXIGENO para respirar, no tu mierda de pucho!


"De los fumadores podemos aprender la tolerancia. Todavía no conozco uno solo que se haya quejado de los no fumadores."
Para ir concluyendo, al llegar a la facultad después de dos horitas de viaje con el orto pegado con poxipol al asiento, me doy cuenta que todo ese tiempo mantuve la boca cerrada y, al abrirla, largo mal aliento. ¡Oh, qué mala leche: ya entré al aula! Mátense todos, hijos de la gran puta. La realidad no solo apesta, sino que Murphy y sus leyes me la tienen jurada. Decir que mi perrita todavía tiene ganas de salir conmigo, o si no tendría que perderme en algún pub con veinte botellas de Tía María.

Por otro lado tenemos otro tópico de qué charlar.

Cuando uno está viajando, suele colgarse los auriculares y desaparecer de la realidad misma (que ya bastante mala es). Lo peor es cuando sos solter@, ya que ves a los demás como mascotas en celo, besándose y pasándose la lengua por toda la cara, y haciendo cositas raras por ahí… vamos a decir la verdad: hasta te los imaginas haciendo eso (SI, ESO QUE VOS Y YO SABEMOS LO QUE ES PERO NO LO VOY A ESCRIBIR PORQUE ESTE ES UN BLOG PARA GENTE LIMPIA DE MENTE Y MENORES DE EDAD QUE AÚN NO PERDIERON LA INOCENCIA). El celular suele ser un buen recurso.

El núcleo del asunto viene dado por el hecho de que estás cargado de tensiones en la cabesita, y deseas con toda el alma perderte en la clave de Sol. Es ahí donde ponés la lista entera de tu celu en modo “aleatorio”. Y es ahí donde comienza este tópico… ¡pero en la siguiente entrada! ¡AY, CÓMO TE CAGUÉ! Hasta la vista, baby… ¡BAM!

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