Okey, lamento decepcionarlos (y lo admito incluso) pero hasta ese punto somos valerosos y desafiantes. Pero desde ese punto en adelante, no. Somos ranas. Ranas que lloran y mojan la cama.
| CHANANANA! YEAH! YEAH! |
Hay que reconocerlo: cuando la señorita/señorito de tus sueños (digo eso porque soy romántico, ¡manga de maricones serán ustedes!) propone algo que a uno le dan ganas de reventarse la cabeza contra ese cuadro del caballo pintado de la tía Catalina que colgó hace 14 (catorce) años en una de las paredes del living de su casa, juntar los vidrios producto de nuestro ataque rábico (dícese de rabia) y clavarnoslos en las rodillas; así de esa manera no seremos capaces de caminar hacia nuestra novia, llevarla sobre nuestro hombro por las escaleras hasta la habitación (obviamente de la tía Catalina. ¿Recuerdan que estábamos en su casa?), amordazarla, tirarla en la cama, amarrarle las extremidades con cadenas navales industriales de acero reforzado con diamante y
Hablando en serio, a nosotros nos cuesta eso de dejarlas ir a bailar.
| Gracias, buen hombre. Ahora... ¿no tiene una más gruesa para atar a mi novia? |
¿¡Qué?! ¡Ay, guardaaaaa! ¡Ahora resulta que está prohibido decir "nalgas"! ¿Pero por qué no te vas a la lavar bien el termotanque, que lo tenés bien oxidado? Prosigo.
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| Se me cagó la Xbox... ¡y ahora extraño a mi novia! |
Seguramente serían las 2:30 de la madrugada, nos llegue un mensaje de "Estoy bailando" y ¡PUM! Salimos corriendo como si fueramos un hermoso y africano Chita, abrimos la puerta delantera del boliche de par en par (como Aragorn en El Señor De Los Anillos (lo sé, soy muy friki)), previamente habiendo eliminado los patovicas con pelada de Pit Bull y cara de Chihuahua, y le decimos al hijomilputa que está con nuestra novia: "Uno". Con eso, el imbécil preguntará: "¿Cómo que 'uno'?". Nosotros decimos: "Dos" y metemos una mano en el bolsillo del pantalón para que todo el mundo entre en pánico y nosotros podamos rescatar a nuestra joven, linda y deseable novia, tocar muchos traseros durante la huida popular (preferentemente, femeninos) y salir de ahí cagando antes de que identifiquen la cara del pelotudo que entró a armar alto bolonqui.
| Hasta la vista... ¡JOPUTA! |
Nota: si de verdad llevas un arma y tu novia efectivamente está bailando con un chico y no con una de sus amigas, yo emplearía las palabras del antiguo Tony Stark "Yo prefiero el arma que se dispara una sola vez. Solo UNA".
Hay parejas (como en el caso de la mía) que nos mandamos mensajes cada milésima de segundo, y hasta el celular me putea porque tengo como siete mil mensajes en bandeja de entrada, y ocho mil en bandeja de salida. No les diré cómo actué yo ante la propuesta de mi pareja, porque le hice prometer yo mismo al comisario que no divulgara el acontecimiento.
MENTIRA, MENTIRA. Pero el hecho es este: a uno le agarra cierta cosa en el estómago y la pancita, y mucho más si la señorita en cuestión está algo emocionada por ello. Por obviedad, no estoy acostumbrado a estar en pareja, y si lo estoy, no estoy acostumbrado a que salga a bailar. Esa "cosa extraña" que le agarra a uno no es (como tanta gente, chicas generalmente) eso de "falta de confianza". No, señor. O quizá sí... no sé, es muy difícil describirlo. Es como una mezcla rara de celos y ganas de no existir, que te hace parir pensamientos de muerte y destrucción mientras te sentís culpable y deseas estar solo en casa sin que nadie te moleste o jugar en la compu a algo que te distraiga seriamente. Los hombres, o por lo menos algunos de nosotros, tenemos esa facilidad que nos brinda el mismo hecho de ser hombres y no tener el período femenino mensual para poder estar molestísimos y carcomidos por el enojo interno mientras nos imaginamos que algún pobre malnacido se está comiendo a la chica que nos gusta. Es así, damas y caballeros. Realidad pura.
Y te callás, Mariana.











