Poder. Eso es lo que uno siente cuando ingresa a la
universidad por el portón principal escuchando con los auriculares el tema de
PSY titulado “Gangnam Style”. Poder, loco: ¡poder! No solo sentís que no te
puede pasar nada malo en el día, ¡sino que hasta llegas a sentir (y esto es
ALUCINANTE, lean) que el colectivo no se atrasa y llegas en horario! Esa
canción es la octava, novena y décima maravilla del mundo en una sola.
| !Mirá que llamo a la "Mafia de los supermercados coreanos" y entre todoh te prendemoh fueho el rancho, papá! |
Muy bien, me dejo de pelotudeces un segundo y comienzo con la
entrada de la fecha, que, por cierto, bastante atrasada está de fecha. Ya sé que me extrañaban.
Hace cinco días estaba viajando en el bondi y en la mitad de
camino, a la altura de la Universidad de Lomas de Zamora, el muy basura agarra
un pozo del tamaño de un cráter lunar. El chofer casi funde el motor tratando
de sacarnos del embrollo, y el camión que venía detrás empujó un poco pero no
nos pudo ayudar demasiado. ¿Y ahora? ¿Quién podrá ayudarnos? ¡Nosotros mismos!
| ¿Por qué no hay choferes así, Dios? |
Resulta que los hombres bajamos del vehículo a empujar, y con
toda nuestra valía y nuestra fuerza logramos superar el obstáculo (obvio,
porque las mujeres son tan poderosas que no tendría que ellas empujaran el
colectivo, ya que de un solo empujón de ellas ya hubiéramos salido del pozo y
llegado a destino todo en un mismo movimiento). Gente, estamos hablando de algo
insólito: encima que viajo mal, llego tarde, hace calor y no estoy en condiciones
físicas, me hacen empujar un colectivo. ¡Un colectivo! Y después lo más lindo
es que conseguí tener olor a chivo. La puta madre.
Ya que hablamos sobre mi campo de conversación favorito, el
colectivo, vamos a aclarar algo (“conversación” es un decir, porque yo escribo
y nadie lee). Me tocó hace poco un imbécil que se quiso hacer el vivo manejando
el bondi como se le cantó el quinto forro del ojete. Es así: nos subimos todos
desde el punto de partida, y ni bien arrancó puso como cartel indicador “FUERA
DE SERVICIO”. No le paró a nadie en hora y media de viaje, y los que viajamos
arriba de a poco fuimos bajando en paradas y vaciando el móvil hasta casi
dejarlo como ciudad fantasma. En el trayecto, subieron dos o tres mediocres
colegas de la línea a saludar al bonito del chofer y a conversar de la vida y a
reírse de la gente que los paraba y ellos diciendo “Está fuera de servicio”.
Pues les tengo una noticia: No estaba muy fuera de servicio que digamos, porque
se aguantó una hora y media conmigo encima, y que yo sepa a mí no me dijeron
“Nene, bajate porque está fuera de servicio”.
Escuchame, pelotudo: Y si está fuera de servicio, ¿cómo
mierda puede ser que arranque y ande tanto tiempo y tanta distancia? El tipo,
en definitiva, me pareció un desubicado y el ganador irrefutable del gran
concurso nacional de “QUIÉN TIENE EL CULO MÁS APETECIBLE PARA PATEAR”.
| ¡Mi vecino es un hijo de perra! ¡Apagó el Wi-Fi! |
Ese mismo día, y encadenado a todo esto, llego a casa y me
entero de que no tengo teléfono ni internet. Hermoso. Mi tarea de ese día y
todo mi estudio estaban basados en mails que debía revisar, y adivinen CÓMO
debía yo acceder a los mismos. ¡Ajá! Correcto: POR INTERNET. Con esto llego a
la conclusión de que, para pelotudear, internet nunca falla. Es especialista en
distraerte, hacerte perder el tiempo, y (por qué no) también mostrarte
genialidades y cosas que das las gracias haber visto o leído. Pero la muy
bastarda no funciona PRECISAMENTE cuando la necesitas para progresar en tu gran
sabiduría escolar y/o universitaria. Por lo general, también suele fallarte
cuando necesitas concretar un debate o una pelea escrita con alguien, o
demostrarle a alguien que tenés razón, o romperle el culo en algún juego
on-line.
Claro. En esas circunstancias: “Error en la conexión”. ¿Sabés
a dónde te podés ir con tu error de conexión? Al informático negro de
mierda que te habrá fabricado a principio de siglo, maldita sea. ¡Y encima yo
PAGO por el servicio, ¿viste?!
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