lunes, 12 de noviembre de 2012

Para la sed, más desierto...


Poder. Eso es lo que uno siente cuando ingresa a la universidad por el portón principal escuchando con los auriculares el tema de PSY titulado “Gangnam Style”. Poder, loco: ¡poder! No solo sentís que no te puede pasar nada malo en el día, ¡sino que hasta llegas a sentir (y esto es ALUCINANTE, lean) que el colectivo no se atrasa y llegas en horario! Esa canción es la octava, novena y décima maravilla del mundo en una sola.

!Mirá que llamo a la "Mafia de los supermercados coreanos"
y entre todoh te prendemoh fueho el rancho, papá!

Muy bien, me dejo de pelotudeces un segundo y comienzo con la entrada de la fecha, que, por cierto, bastante atrasada está de fecha. Ya sé que me extrañaban.

Hace cinco días estaba viajando en el bondi y en la mitad de camino, a la altura de la Universidad de Lomas de Zamora, el muy basura agarra un pozo del tamaño de un cráter lunar. El chofer casi funde el motor tratando de sacarnos del embrollo, y el camión que venía detrás empujó un poco pero no nos pudo ayudar demasiado. ¿Y ahora? ¿Quién podrá ayudarnos? ¡Nosotros mismos!

¿Por qué no hay choferes así, Dios?
Resulta que los hombres bajamos del vehículo a empujar, y con toda nuestra valía y nuestra fuerza logramos superar el obstáculo (obvio, porque las mujeres son tan poderosas que no tendría que ellas empujaran el colectivo, ya que de un solo empujón de ellas ya hubiéramos salido del pozo y llegado a destino todo en un mismo movimiento). Gente, estamos hablando de algo insólito: encima que viajo mal, llego tarde, hace calor y no estoy en condiciones físicas, me hacen empujar un colectivo. ¡Un colectivo! Y después lo más lindo es que conseguí tener olor a chivo. La puta madre.


Ya que hablamos sobre mi campo de conversación favorito, el colectivo, vamos a aclarar algo (“conversación” es un decir, porque yo escribo y nadie lee). Me tocó hace poco un imbécil que se quiso hacer el vivo manejando el bondi como se le cantó el quinto forro del ojete. Es así: nos subimos todos desde el punto de partida, y ni bien arrancó puso como cartel indicador “FUERA DE SERVICIO”. No le paró a nadie en hora y media de viaje, y los que viajamos arriba de a poco fuimos bajando en paradas y vaciando el móvil hasta casi dejarlo como ciudad fantasma. En el trayecto, subieron dos o tres mediocres colegas de la línea a saludar al bonito del chofer y a conversar de la vida y a reírse de la gente que los paraba y ellos diciendo “Está fuera de servicio”. Pues les tengo una noticia: No estaba muy fuera de servicio que digamos, porque se aguantó una hora y media conmigo encima, y que yo sepa a mí no me dijeron “Nene, bajate porque está fuera de servicio”.

Escuchame, pelotudo: Y si está fuera de servicio, ¿cómo mierda puede ser que arranque y ande tanto tiempo y tanta distancia? El tipo, en definitiva, me pareció un desubicado y el ganador irrefutable del gran concurso nacional de “QUIÉN TIENE EL CULO MÁS APETECIBLE PARA PATEAR”.

¡Mi vecino es un hijo de perra! ¡Apagó el Wi-Fi!
Ese mismo día, y encadenado a todo esto, llego a casa y me entero de que no tengo teléfono ni internet. Hermoso. Mi tarea de ese día y todo mi estudio estaban basados en mails que debía revisar, y adivinen CÓMO debía yo acceder a los mismos. ¡Ajá! Correcto: POR INTERNET. Con esto llego a la conclusión de que, para pelotudear, internet nunca falla. Es especialista en distraerte, hacerte perder el tiempo, y (por qué no) también mostrarte genialidades y cosas que das las gracias haber visto o leído. Pero la muy bastarda no funciona PRECISAMENTE cuando la necesitas para progresar en tu gran sabiduría escolar y/o universitaria. Por lo general, también suele fallarte cuando necesitas concretar un debate o una pelea escrita con alguien, o demostrarle a alguien que tenés razón, o romperle el culo en algún juego on-line.

Claro. En esas circunstancias: “Error en la conexión”. ¿Sabés a dónde te podés ir con tu error de conexión? Al informático negro de mierda que te habrá fabricado a principio de siglo, maldita sea. ¡Y encima yo PAGO por el servicio, ¿viste?!

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