Voy a iniciar el proyecto “Kamasutra-Bondi” con las quinientas posiciones que podés adoptar en el asiento del colectivo. ¿Nunca te pesó la cabeza a los 25 minutos de arrancar viaje y te faltaba una linda linda y mullida almohada a la altura de la cabeza, donde la posta era que no tenías un carajo donde apoyarla y te tuviste que cagar todo el viaje tambaleando el encéfalo practicando yoga en tu miserable espacio en el vehículo? ¿Nunca se te prendieron los pelitos de la cresta (aunque no tengas cresta, porque yo sé que sos pelado/a) en alguna sustancia pegajosa que había en la corredera de la ventanilla mientras te adormecías sobre la misma?
¿No crees que deberías elegirme como diputado por la provincia de Buenos Aires para que inicie un proyecto de ley que vuelva “semi-cama” a todas las líneas de colectivos de la Vía Láctea? Igual te cagué: soy ingeniero.
Hoy andan todos con el corazón roto, y ni llegó la primavera. Como se nota que estos días reflejan los restos masticados y tragados de un invierno puntiagudo en nuestro año tan públicamente proclamado “el último de la vida en la Tierra”. No solamente los idiotas nos quieren arruinar la vida, sino que, con sus improperios y sus imprudencias, nos quieren lastimar el corazón y la confianza. ¿Recuerdan a mi melli? Bue… es un claro ejemplo para el tema que desarrollo.
¿Quién no anduvo con el corazón roto, volumen a tope, rockeando y cantando baladas que ponen curitas de farmacia a nuestros desgastados sentimientos aún adolescentes? ¿Quién no agarró la batería de percusión en su casa y la reventó a golpes después de una jugada enfermiza de la vida, o quién no cortó una cuerda de la lira sin querer mientras le sangraban las yemas de la mano izquierda y las arterias del corazón? Ok, estoy repitiendo tanto “corazón” que ya parezco Maná con sus letras basadas en 5 o 6 palabras que se repiten toda la maldita canción. Nota: ¡sensacional banda!
Al parecer, los ángeles no están para cuidarnos (y sinceramente, me da cosita la idea de que un humanoide volador con plumas y semi en tarlipes me mire mientras hago la nona por la noche) y también tiene pinta de que nuestros antepasados están sumamente cálidos en su eterno letargo tan lejos de acá como para volver a nosotros y responder plegarias. ¿Cómo podemos hacernos compañía en compañía de la soledad o en la soledad de la mala compañía? ¿Cómo buscamos las preguntas a las respuestas que no entendemos, que nos hacen mal y que matan el paraíso que antes disfrutábamos cuando éramos nenes que iban felices y campantes al cole, sintiendo fragancias de flores que nunca más volvimos a sentir con el paso del tiempo? ¿Cómo detenemos el reloj?
¿Cómo lo hacemos retroceder?
Mi melli y yo estamos esperando que ocurra ese milagro, aunque sabemos que nunca va a pasar. Y si pasa, la pregunta cambia por esta: ¿hasta dónde lo hacemos retroceder? Cuando uno se pone serio para encarar una relación tiene derecho a exigir dos cosas como mínimo, y una de ellas es recibir el bofetazo de "no estoy list@ para seguir con vos". La verdad es que es una sucia trampa regalarte un lindo sueño unos meses para después darle un martillazo al arco-iris que te hicieron parir, y sinceramente ni las incontables luchas del boxeo mundial pueden hacerlo endurecer a uno como lo hace una puñalada en la parte más íntima de la propia inocencia por culpa de un/a pelotud@ que no tuvo derecho ni a mirarnos desde el principio.
A no desesperar, a no desesperar. Les traigo noticias gratificantes: vengo a predicar la palabra de un sabio que dijo que de los oscuros anocheceres renacen amaneceres aun más brillantes que antes. Pero por el momento dejemos hacer a la enfermera su trabajo, porque, después de todo, estamos en sala de urgencias. Y para los que ya superaron eso, todavía siguen en rehabilitación (y desgraciadamente, de ahí no se sale en toda la vida: es como la secundaria, que nos marca para siempre).
Hagamos esto: alguien pone la música, alguien trae la bola de espejos, alguien las luces rítmicas, otro el bar y la barra, uno las bebidas y uno las hieleras, que alguien traiga las ganas, que dos se encarguen de mover a las masas y que el DJ bañe la concurrida reunión con un poco de mágicas notas eléctricas.
Micrófono en mano, me dirijo a todos diciendo: “¡Bienvenidos a la fiesta de la vida! ¡O bailas con ella o te pisan, te caes, te pasan por encima, y cuando te levantas, no solo te quedas sin pareja sino que se fueron todos y se terminó la diversión!”

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