Por lo general, es la segunda; así que no te lo recomiendo.
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| Creo que hasta ese gato viaja mejor que yo. |
Podemos, por lo tanto, llamar a esta ley como la “Ley de posesión
poética del asiento”.
Dicho esto, comenzamos con la entrada original. Colectivo,
por estos días, es sinónimo de violencia. ¿Cómo es esto? Comienza en la parada,
cuando uno llega y tiene que esperar. La cola de espera, por lo general, no
está bien definida ya que los integrantes de la misma padecen de cierta
primitividad que les impide situarse uno detrás de otro, como manda Dios.
Lo que sigue son los empujones para entrar al bondi, y los
improperios que se efectúan si uno de los pacientes comete el grave y penado
delito social de “colarse”. Una vez dentro del móvil, comienza una batalla
sanguinaria por encontrar un lugar donde apoyar suavemente las nalgas. Por lo
general, mucha gente suele perder la vida durante esta breve guerra, y la que
logra sobrevivir se da cuenta de que tiene que viajar parado todo el tramo. Ah,
eso sí: las embarazadas y los ancianos tienen que realizar otra nueva gran
batalla holocáustica para conseguir despertar la cortesía de los sentados.
El constante sonar del timbre es el arma semiautomática que
dispara contra el conductor, el cual, si no es una persona que suele tener
autocontrol sobre sí mismo y su accionar, puede llegar a volverse loquito,
sacar dos motosierras y empezar a serruchar a medio planeta. También,
usualmente, es el timbre el causante de las barbaries que despiden los insultos
y los maltratos verbales (y hasta físicos, en ciertos casos).
Luego estoy yo, que siempre me cago en todos y cada uno de
los enfermos que toman el mismo colectivo que yo, sentándome primero, sacándole
la lengua a las embarazadas y muriéndome de risa de los ancianos y la gente con
discapacidades (soy muy tierno, ¿vieron?). Mi simpatía y cortesía para con los
que me rodean dentro de esa cueva móvil, la mayoría del tiempo, están reducidas
a cero. Recuerden que es una batalla, y el que pierde, pierde también la vida y
el asiento.
Otra batalla de la que quiero hablar es la sexual. Para el
momento que los lectores varones llegaron acá, se interesaron 200% (me juego la
descendencia).
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| He aquí la razón de la caída de los hombres. |
¿Qué hace que algunos bajemos la mirada ante los ojos
femeninos, y algunos no? ¿Qué hace que, durante unos días, parezcamos cancheros
para ganárnoslas a ellas y después no podamos sostener la farsa? ¿Cómo carajo
un pibe puede tener a tantas detrás, y una mina tener a tantos a sus pies?
¿Cómo se hace para conquistar el terreno de Dios, el laberinto estelar de lo
profundo, el siseo de la lengua y el estrechar de los labios sublimes?
Voy a acotar una última cosa y lo dejo como tópico de la
siguiente entrada: ¿puede uno evadir la soledad empleando máscaras que se
descartan al usarlas? Y su pudiera, ¿cuánto le dura la felicidad?
A saber uno…


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