viernes, 12 de abril de 2013

Tiremos de la Cuerda...


Todo el mundo sabe que el hombre es un inepto, lo que ya dejó de ser un secreto. Sin embargo, nadie sabe las cosas que suceden dentro de la cabeza de los hombres; y muy al contrario de lo que piensa la mayoría, los grandes quilombos del universo no están encerrado en las neuronas femeninas. Nosotros (obviamente, su servidor incluido) somos unas gigantescas máquinas de pensar y maquinar, y sobremaquinar las cosas muy a menudo inclusive. Tomamos casi todas las cosas que no entendemos como “hostiles” y amenazantes a nuestra seguridad e integridad, y muchas de las cosas que no entendemos se relacionan con el inentendido eslabón de la cadena: la mujer.

Buenas a todos, antes de proseguir. El anterior enunciado es mi prólogo de lo que a continuación voy a desarrollar, pero previo a eso quería darle las gracias a la gente que me ha leído (en espíritu, ya que no sé si lo seguirán haciendo) y a todos mis conocidos y a mi novia, la cual es una fiel lectora de esta cosa amorfa llamada blog, y a la cual suelo mencionar en las entradas como algo colgado del asunto. Sin más, empecemos.

El ser humano se atribuye a sí mismo la capacidad de convertir lo que, a temprana edad llama amor, en una daga que, irónicamente, toma entre sus manos por la parte de la hoja de metal. Muchas veces me ha tocado escuchar historias de chicos que lastiman y, si he de ser sincero, yo pertenezco a una de esas muchas historias. No es fácil sostener con el tiempo un océano de realidades pesadas que en un primer momento creímos maravillosas y espectaculares. Por X o por Y las cosas tienden a morir, y muchas veces es por culpa del hombre. Aunque muchas otras no.




Lo que da vida, puede
terminar matando.
Tanto al hombre como a la mujer les encanta tener el control de una relación mientras se desenvuelven normalmente en su vida; tanto es así que convierten a la otra persona en un canario de jaula que embellece todo alrededor mientras él/ella va muriendo por dentro. Ser un premio no está bien, y ser parte de la decoración mucho menos. Cuando uno no funciona en la pareja como a la otra persona le gustaría, comienzan las miradas, las llamadas, los mensajes, las palabras, las dagas. Van echando raíces en la vida de uno, y si uno no pone un alto a eso, sucede lo peor que puede ocurrir: tomarle costumbre.

También está el otro caso, en el que uno de los dos es quien da muchísimo amor (a veces sin recibir nada a cambio), mientras el otro toma y continúa tomando, y cuando el grifo se comienza a agotar, comienzan los reproches a la otra persona sobre que "cómo puede ser que deje morir a la relación así" o "antes estabas más enamorado/a y demostrabas más cosas, ahora ya no". Un grifo se puede secar si el pozo de agua dulce no se repone cada cierto tiempo, y esto es una metáfora sobre el hecho de que uno no puede dar toda la vida sin recibir (por más que en el Romanticismo se haya inventado esa estupidez de "el amor es dar sin esperar nada a cambio", lema que luego adoptó la religión Católica). Somos seres humanos, no fuentes de la juventud.

A veces hay sangre en los labios...
Muchas veces, además, todos estos problemas vienen dados por un origen común que, en estos tiempos, se está multiplicando en casi todas las parejas del mundo: amar demasiado pronto. Este hecho principal es el que consume la relación antes de tiempo, antes siquiera de que de sus primeros pasos ante un mundo nuevo. Lo que maximiza la destrucción de la pareja es el hecho de que ambos no saben llevarla, ya que apretaron mucho el acelerador sin haber antes aprendido a manejar o saberse las señales de tránsito; lo que conlleva a estrolarse contra una muralla de cemento y ladrillo.

A no confundir este choque de la muralla con un obstáculo del amor que hay que superar para llegar a la felicidad.

Si lo anterior quizá te aburrió un poco porque ya lo sabías, ahora quizá te entretengas más mientras te cuento un par de verdades, independientemente de si sos mujer u hombre, que ya sabés pero que te va a interesar recordar y te haga sentir identificado. A veces no está de más verse en el espejo.

...cuando debiera hacerme feliz.
Están como dos conejos, todo el día mimándose y abrazándose y besándose. Se pegan tanto que cuando se separan dos milímetros, se pudre todo un poco. Todo, un poco. Los celos son un justo condimento de una relación enfermamente sana, pero si te pasás con la dosis podés llegar a terminar en un sanatorio mental o en la cana. Mucho peor si empezás a tener celos al poquito tiempo de conocer a la otra persona, o, peor aún, ni bien la viste. (Si sos de esas personas, te digo algo que sabés perfectamente: vas a sufrir mucho en la vida, y si no lo sabés controlar para con los demás, también harás sufrir al resto).

A veces a uno lo mata la espera, la ausencia de otra persona, su no-contestación a los mensajes o su falta de llamadas, e internamente sabemos que están haciendo cosas importantes o están llevando a cabo sus vidas. Sin embargo, nos ponemos celosos igual y los atosigamos (lo cual no está mal, siempre y cuando la otra persona entienda perfectamente qué está sucediendo, pero a veces todo se mal interpreta porque nosotros mismos nos excedemos y eso hace que el otro se sienta muy sofocado y no "prefiera" estar taaaan pegadito a nosotros).

Arma de fuego que quema el cuerpo y la mente.
Por el otro lado, si vos sos el que está ocupado y tenés tus cosas mientras va aumentando tu edad y tus responsabilidades, y ves que ya no están tan juntos como antes, te desesperas viendo que la otra persona sigue igualita con sus obsesiones y sus celos para con vos, te manda mensajitos lindos y te despierta con ternura, te mima, te besa, y vos empezás a darle menos tiempo (y bola) porque tus cosas y asuntos no te lo dejan. El otro no lo sabe, y quizá se enoje con vos. Lo que el otro no sabe es que en tus ratitos libres vos lo controlás, te metés al face, te fijas si está conectado/a, investigas cuántos amigos nuevos tiene y cuánto sale con ellos o simplemente ves que sigue desarrollando su vida en forma natural, casi como si lo hiciera sin vos y eso te rompe un poco las pelotas. Pensás "¿sigue con sus cosas como si yo no estuviera? ¿Cómo puede hacerme esto?" de forma egoísta, sin tomar en cuenta que el otro te está esperando, y te enceguecés.

A veces ves que la otra persona hace cosas (cualquier cosa), y vos pensás que lo está haciendo sin vos, para regocijo propio y que no te incluye (incluso si se trata de escuchar una canción, vos pensás "la está escuchando sin mí"). Bueno, pero: ¡¿cómo?! ¿no eras vos, acaso, el que estaba ocupado? ¿no fuiste vos el que le dijo que no podía porque tenías cosas que hacer, y ahora mentalmente la/lo reprochás por estar haciendo cualquier cosa "sin vos", como vos creés?

Dos personas implican dos vidas unidas, no UNA VIDA SOLA. Siguen siendo dos personas, y siguen siendo dos vidas. El control excesivo en proporciones supremas lleva siempre a un estado de enojo. Siempre termina en sufrimiento.

Hay veces que deseas que la otra persona crezca y le vaya bien en su vida y tenga muchos amigos y etc etc. Pero a veces hay problemas cuando uno piensa "Sí, pero... me gustaría ser YO la causa de todos esos logros de él/ella". Y a veces no querés nada de eso, sino que deseas tener a esa persona enjaulada entre cuatro paredes para vos y nadie ni nada más.

Eso es sano de pensar... pero, ¿hasta qué punto? ¿Y en qué caso? ¿Está bien creer en eso mientras la otra persona sufre por el daño que le infligís inconscientemente?


No hay comentarios:

Publicar un comentario