lunes, 24 de diciembre de 2012

A paso redoblado...


El bondi otra vez me volvió a joder. Era una hermosísima (y muy chota) tarde de viernes de verano, tipo 5 (cinco) de la tarde; un niño caminaba solitario y azotado por mensajes de texto de una niña, directo hacia la parada del colectivo. Quiso llegar un poco antes de tiempo porque presintió un retraso o demora de parte del móvil. Los minutos pasaban hasta que la primera hora de espera por fin se hizo efectiva. ¡Y ENTONCES EL NIÑO TIRÓ A LA MIERDA SU INOCENCIA Y EMPEZÓ A ACORDARSE DE CADA MIEMBRO FAMILIAR DEL PRÓXIMO CHOFER DESGRACIADO QUE OSASE ARRIMARSE POR EL BORDE DE LA ESQUINA EN LA DIRECCIÓN QUE EL NIÑO ESPERABA POR ÉL! Luego tuvo un breve momento de paz, en el que su alma se encaminó al cielo y tuvo comunicación relajada con Dios. Su espíritu estaba inundado de paz y armonía. Un segundo después, los perdigones de la escopeta calibre 15 mm atravesaron los vidrios de la ventanilla del conductor, implantando los restos de sesos y trozos de materia gris en cada rincón del pequeño rectángulo que definía la zona de manejo y conducción del bondi. Así comenzó mi dulce día: con ese hermoso sueño en mente, reprimido.

Preparate, hijo de la trabajadora pública:
¡TE VOY A CORTAR EL CHORI!
Mentira, viajé medianamente bien (ya que llegó vacío), llegué temprano, rendí y volví a casa un poco más tarde de lo esperado. Pero nada más. A otra cosa mariposa.

Mientras estudiaba para ese examen (y durante el mismo también), me asaltaba un presentimiento muy oscuro; era tan pero tan maligno que el solo hecho de que mi mente lo concibiera ponía en duda seria la estabilidad misma y el equilibrio bien balanceado de mi propios pensamientos y emociones. Les estoy hablando de algo tan macabro, tan tétrico y lúgubre que cuando lo lean les causará terror como nunca en sus vidas hubiesen podido imaginar: a veces siento… ¡que el piso siempre se quiere robar mi lapicera! Sí. Cada dos por tres se me cae, y aunque la enganché de los hojalillos, se escapa y se cae. O la apoyo en una superficie rugosa o raposa, y a los cinco minutos la lapicera y el piso están copulando y yo (como esposa engañada) los encuentro infraganti y acuso de breve traición a la mal nacida (o quizá es “mal fabricada”). Lo que sea. Y luego siguen las hojas. Y luego otras lapiceras y lápices. Luego el celular. Por último, hasta yo mismo.

¿Tan atractivo será el piso? Mi prometida debe tener celos…

(¡Ay, Lucas! ¿Cómo vas a decir que tenés “prometida”? ¡Compasión por los pobres, por favor!)

¡No! Se joden, yo también fui pobre y a mí también me pasó que contaban dinero delante de mío. Así que te jodes. (Te adoro y gracias por leerme. ¡Sos lo mejor que me pasó en la vida!)

Hablando de prometidas y chicas en general, he ahí un tema de milenaria discusión.

Cuando conocés a una chica simpatiquísima y empiezan a contarse pequeños detalles y resúmenes de cómo han ido sus vidas hasta ese mismísimo punto de encuentro entre ellos dos, vos, hombre, cometés el serio error (que en ese entonces no se nota) de hablar sobre alguna chica que te quiso comer la boca a costa tuya, casi como abusando de vos. Pobrecito él, dicho sea de paso (cof… cof…). Ella se ríe y hasta puede indignarse junto a vos por aquél “horrible” suceso. El punto, señores, es cuando ella se vuelve tu novia y/o esclava sexual y eróticamente candente, ya que tiene la capacidad de memoria de 4 (cuatro) elefantes y es capaz de recordar hasta qué llevaba puesto esa zorra inmunda que te quiso tocar (aunque vos no lo recordás, o incluso nunca le dijiste cómo iba vestida). Lo siguiente que sucede es que la loca descontrolada de tu nueva novia (y sexualmente muy candente… ¿o “era eróticamente”?) empieza a buscar la dirección de la perra, su face, su teléfono, los jardines de los vecinos donde su mascota abona, y hasta cuántos dientes le quedan. Seguramente con el objetivo de “mejorar” su dentadura, empuñando algún tipo de arma blanca de un tamaño proporcional a la exageración que tuviste al contar el pedazo de beso que te quiso dar aquella suripanta desgraciada.

Bueno, mi amor. Espero que
no pase nada por darte esos datos.
Acto seguido, esa ramera (que ahora es una estudiante de buenas calificaciones en Cardiología, una hermosa familia y una nona de 98 años recién cumplidos y con un corazón en buen estado) sufre un accidente de tráfico; y en vez de volver a su casa, va directo a un destino doble: morgue y funeraria. Novia obsesiva, damas y caballeros.

Y según mi opinión: ¡LA MEJOR DE LAS NOVIAS!

Por otro lado, las chicas son unas esclavistas muy pero que muy malvadas. Esto es así y no se puede cambiar: No se le puede decir que no a una chica.

Más que nada porque no te lo permite. En el caso de una novia sumamente enamorada y (en cierto día) mimosa, decide interrumpir el estudio del joven novio que tiene exámenes próximos haciendo de todo para captar un poco su atención y obtener lo que desea. Es en ese entonces donde, si el hombre decide hacer uso de una negativa, las consecuencias podrían ser severas y alterar el curso del espacio-tiempo como lo conocemos. Todo esto está agravado por la posibilidad de que dicho demonio femenino se encuentre con la regla baja.

Me importa un carajo que mañana tengas
examen. ¡Hoy tengo ganitas! ¡Muajajaja!
Por entonces, solamente nos podemos resignar a cumplirle sus exigencias, aunque eso signifique que quizá fallaremos al confrontarnos a las materias de la carrera. Ah, pero ojo. Si vos después estás medio calentito y se te ocurre siquiera encimarle una sutil indirecta a la señorita, “¡Nooo, por dios! ¿No ves que estoy estudiando? ¡Un poquito más de consideración! Ah, por cierto: ¿cómo te fue hoy con tu examen, mi amor?” (carita sonriente). Qué desgraciada manipuladora.

Igual esto no me sucedió a mí, sino que aun conocido del amigo de un amigo de la madre de mi prima. True story.

Y hablando de amigos, ¿no le sucede muy a menudo que están en la casa de un amigo/a y… les entra una seria necesidad de utilizar su baño pero no quieren porque saben que si lo usan, se lo van a dejar más estropeado que la cara del último contrincante de Maravilla Martínez? ¿Sienten que prefieren que se les retuerzan las entrañas, alegando que están salvándole la vida a su amigo/a y al resto de la familia (e incluso a un potencial plomero), y comienzan a culpar a esa maldita pizza que cocinó la madre de dicha amistad nuestra alegando que contenía mucha cebolla o que no debiste haberla tragado junto con un vaso de agua en vez de uno con gaseosa?

¡Ay... papel hijo de tu p*ta madre! Espera, ¡un
Whatsapp! ¡OCUPADOOOOOO!

¿Y nunca te pasó que entraste al ñoba de todas formas y te encontraste:

a). Con que no había papel higiénico, y si sabés que pedís uno ellos se van a enterar de que estás haciendo tu necesidad número dos;

b). Hiciste la necesidad, pero tardaste mucho tiempo y pensás que ya todo el mundo se dio cuenta y están pegándole un tubaso al plomo;

c). Hiciste la necesidad pero no te alcanzan ni diez desodorantes de ambiente, y si abrís la puerta estás permitiendo un potencial Chernóbil;

d). Tiraste como quinientas veces la cadena, y ya estás encomendando tu alma careciente de valor alguno a alguna entidad o deidad que prefiere verte sufrir antes que darte una ayudita y, por favor, hacer que tu “necesidad” ¡SE VAYA DE UNA PUTA VEZ POR LA CAÑERÍA!

Ay, las amistades y la familia son lo mejor que existe en el universo. Sobre todo porque después de este incidente, el forro/a de tu amistad te mira con cara de: “Ayer comimos porotito en casa, ¿verdad?” (carita sonriente). Hij@ de…




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